Curso de doctorado de la Facultad de Arquitectura de la Politécnica de Madrid.  18.3.96

“La flexibilidad de la inteligencia es resultado del enorme número de reglas distintas.La razón de tantas reglas es que el ser humano se pueda enfrentar a situaciones inesperadas, y es entonces cuando verifica que no sirven las reglas”
Douglas R. Hofstadter
Gödel, Escher, Bach. 

Antes de comenzar con el tema del espacio, quisiera compartir con vosotros una serie de reflexiones sobre la práctica creadora o científica, que parece entenderse como un acto privado, desprovisto de su carácter público. Me explicaré, cuando los arquitectos se encuentran diseñando se concentran en su práctica creadora y nosotros, los sociólogos, a pesar de tener la realidad como objeto, la observamos como científicos sociales tomando de ella sólo aquellos fenómenos que a base de repetirse puedan ser medidos.

Me parece, desde una posición profana, como socióloga, que la arquitectura juega con el criterio de que a mayor distancia de los contextos de ubicación, u otros parámetros sociales, mayor será el acto de creación. Al mismo tiempo, me llama la atención que sean precisamente las ciencias naturales, las denominadas ciencias, puras las que cambien su forma de conocimiento (la matemática, la física, la química). Si nos fijamos nos hablan de tiempos rotos, objetos fractales; en definitiva, son partidarias de introducir, sin rasgarse las vestiduras, la teoría del caos, porque entienden que la noción de certidumbre procede más de las aspiraciones del observador que de la realidad observada. No obstante, y volviendo a la arquitectura, su armazón teórico geométrico, o matemático, no la dispensa de dar la espalda a otros elementos sociales que intervienen directamente en la racionalidad, tanto del que diseña, como de los futuros usuarios.

Lo que pretendo decir con este preámbulo es que asistimos a cambios de tan relevante magnitud que no debemos relegarlos “fuera del tablero”. Creo que no hay práctica científica, o creadora, capaz de gozar de una autonomía absoluta. Los/as arquitectos/as con su facultad de diseño y los/as sociólogos/as con sus habilidades estadísticas, no tienen separada su facultad de conocimiento de la cultura, el derecho, el arte, la crítica y el pensamiento de su época. Cuanto más plural el modo de acercarse a la realidad, más datos obtendremos de ella. Enredarse en la idea de que un resultado (estético -en esta Escuela de Arquitectura; o predictivo en mi disciplina) basado únicamente en el patrimonio de saber, sería como trabajar, con guantes blancos y bata, en un laboratorio, absortos en nuestras tareas y de espaldas a la vida cotidiana. Queramos o no tenemos una incidencia social, porque nuestro producto final no es una pieza de museo sino un lugar habitable.

El espacio no queda sólo definido por su estructura geométrica, o por sus dimensiones métricas, no siempre es susceptible de cuantificarse. Creo que sería muy ventajoso evaluar el espacio cualitativamente, es decir, en relación a los significados sociales que le otorgan los sujetos que lo habitan.

Esta es la preocupación que me inspiró la realización de la tesis doctoral [1] sobre el espacio.

Mi investigación parte del intento de responder a una duda sobre la manera de nombrar, sobre si es correcto o no utilizar unos términos que no siempre significan lo que “dicen” significar. Y los conceptos que senté en el banquillo, gozaban de gran solvencia teórica: los espacios público, privado y doméstico. No era ganas de complicar las cosas, sino dar respuesta a un desajuste entre las definiciones (aportadas por la geografía, la arquitectura o la sociología) sobre el espacio y las vivencias de este espacio por los sujetos.

A ellos me dirigí. Tanto los colectivos de mujeres que forman parte de la población ocupada, como aquellas que realizan un trabajo no monetarizado (doméstico) hacen referencia al término privado como: el conjunto de prácticas efectivas y materiales de cuidado y atención que requieren los otros. De esta manera describen “su” vida privada. Mientras que los colectivos masculinos relataban su privacidad a partir de experiencias de ocio, o de descanso en el hogar. Al hilo de esta diferencia, la “vida privada” ha registrado dos tratamientos muy divergentes en función de la privacidad de la que se hable. El primero desde una perspectiva masculina en base al recogimiento en la vida familiar, al margen de las obligaciones y prestaciones; el segundo dirigido al cuidado de la familia y tareas domésticas. Curiosamente el modelo “masculino” es el que ha prevalecido para explicar la privacidad y, por oposición, el espacio público. Aunque no sería honesto acusar a nadie, en el siglo XVII, la noción de estado, la noción de ciudadano en el XVIII, como posteriormente en la Revolución Industrial, tiene un protagonista masculino. No es de extrañar que todo el pensamiento social se perfile entorno al mismo, y además se establezcan las coordenadas de la modernidad.

Desde la sociología se puede explicar de manera muy sencilla: hombres y mujeres tienen distinta concepción de la vida privada. Pero conformarse con esta explicación no lleva nada más que a camuflar un problema. La reproducción plástica del espacio se hace eco de esta distinta vivencia de privacidad. La casa -para ellas vida privada asociada a trabajo y servicio- recoge estos aspectos (como aquel que diseña) en sus dimensiones. Por esta razón, las cocinas son lugares estrechos donde resulta muy difícil compartir las tareas. Por los mismos motivos de mimetismo social, puede recrear un despacho (en atención a las formas de privacidad masculina), lugar de intimidad o de trabajo, pero en todo caso favorecedor del aislamiento. ¿No resulta curioso que coincidamos en tales conclusiones, sociólogos y arquitectos? Hay una explicación, todos partimos, conocemos y formamos parte de una estructura social. Es decir, de unos comportamientos ecónomicos, sociales e institucionales que condicionan nuestra forma de pensar, pero también de interpretar los fenómenos sociales. Somos partícipes de la categoría género, aunque desconozcamos su orígen o nunca la hallamos estudiado, nos dá lo mismo. Conocemos muy bien cómo se modelan los roles sociales, y lejos de cambiar nada reproducimos la realidad tal y como se presenta, bien sea en el tablero o en los cuestionarios.

Por ejemplo, los espacios público y privado son espacios cortados al talle de los acontecimientos políticos y culturales. El público es un espacio regulado normativamente, mientras que el privado juega con el derecho a la reserva y, con él, se añade la facultad de negociar las pautas de interacción. Aunque, como veremos, nada queda fuera de los fundamentos sociales.

Cuando insisto en la rentabilidad de la noción de estructura social no es por hacer propaganda de un concepto netamente sociológico, sino por entender que, desprovistos de las formas económicas, sociales y culturales que presenta nuestro entorno, estaremos al margen de cambios cualitativos de gran magnitud. Por ejemplo, recogiendo el aspecto institucional, presenciamos nuevos estilos de vida privada. La tradicional familia nuclear: esposo, esposa e hijos, ha cedido protagonismo a otras relaciones de parentesco, como por ejemplo la familia monoparental, personas que salen de casa y que no pretenden formar una familia, sino inaugurar nuevos espacios y nuevas formas de relación: las familias de separados con sus respectivos hijos e hijas. Pero, a pesar de estas mutaciones en la convivencia, la vivienda parece mostrarse menos permeable a estos cambios sociales. Sigue anclada en la estructura social del siglo XIX: un salón grande, dormitorios y, sobre todo, el espacio que precise una familia nuclear, al que se añade, para seguir con la estructura del siglo XIX, una estabilidad en el empleo que permitiría vivir durante un gran período de tiempo en la misma residencia.

La estructura social económica en nuestro país tiene un cariz bien distinto; la movilidad geográfica desaconseja la compra de viviendas, mientras que la política de alquiler sigue un camino paralelo, lo que muestra la desconexión estructural “aquí cada uno en su coto”. El constructor asegurándose una buena rentabilidad, el mercado de trabajo sin poder garantizar el empleo fijo y recomendando abandonar viejos hábitos de vida. La esfera financiera otorgando créditos -y con ellos concediendo la solvencia- a todos aquellos sujetos propietarios, cabezas de familia y con empleo estable, mientras que sus portavoces (las declaraciones del presidente del Banco de España son muy ilustrativas) recomiendan mayor flexibilidad en el empleo. Estos desajustes proceden de una estructura social que dirime sus objetivos económicos (laborales o financieros) sin buscar correspondencias con los institucionales (familiares) y menos aún con los culturales (la propiedad es la salvaguarda personal por excelencia, ser propietario es una meta imbricada en nuestra forma de pensar). Por ello, es absolutamente imprescindible tener en cuenta en qué país, o formación social se habita, piensa o diseña.

Os voy a ofrecer otro ejemplo sobre la importancia de la estructura social. En Francia, hay una gran demanda de hogares unifamiliares (25%), llamados solitarios, mientras que aquí todavía representan el 20% en las ciudades de gran tamaño, pero será una demanda clave en un futuro. Por lo tanto, en la concepción de las viviendas y en la configuración del espacio, no hay que olvidar estas dimensiones, que no son anecdóticas. Se debería pensar (en relación a una noticia que aparece hoy en los periódicos) en cuál será el tipo y las dimensiones de las casas que proyecta el Ayuntamiento de Madrid para la rehabilitación de espacios para jóvenes, en otras palabras qué tipo de habitabilidad es la más recomendable, dependiendo de la edad, del estado civil y de los ingresos. Los aquí presentes sois testigos directos de cómo los que habitan los lugares que diseñáis transforman éstos en el mismo acto de la ocupación. Cuando alguien llega a una nueva casa empieza a tirar tabiques, a tomar posesión de la misma, adaptándola a su escala de necesidades.

Podríamos pensar en un espacio público como un espacio universal, para todos y todas, de esta forma hallamos espacios aparentemente abiertos y sin ninguna complejidad. Pero a la luz de la estructura social, el espacio público es democrático sólo durante el día, cuando se asocia a producción laboral o formativa, otra performance se instala en la noche. La noche no simplemente como dimensión temporal, sino como espacio cuya ocupación tiene connotaciones simbólicas, barreras invisibles establece sus condiciones en función del género de sus transeúntes. Por ejemplo, para que una mujer salga por la noche a tomar una copa ha de escoger rutas, utilizar las sendas más seguras, ella eligirá aquellos espacios que no ofrezcan, ante su presencia, interpretaciones equívocas. Por lo tanto, es más probable que frecuente bares cercanos a las zonas donde ella habita, lugares que, debido a su conocimiento, se transforman en espacios permitidos, definidos como semiprivados o semipúblicos; pero trasladarse más allá de las zonas habituales de tránsito significa otra concepción del espacio por contener reglas propias de la estructura social de un país (la noche en los países árabes o, sin ir tan lejos, en nuestro país, fuera de las grandes ciudades, permite o prohíbe en función del género de sus usuarios).

En lo que respecta a un espacio tradicionalmente masculino como el laboral, la socióloga italiana Adele Pesce ha analizado su uso espacio dentro de las fábricas, estudiando la distribución de los límites espaciales en los lugares de producción, concretamente, en los sectores estratégicos, como por ejemplo la FIAT de Turín. Adele Pesce, observa como se organiza la vida social en base a una categoría de la estructura social: el género. A este respecto observa cómo incide la presencia de mujeres en la negociación del espacio productivo. Registra la creación de lugares sólo masculinos (a modo de privatizar un recinto o lugar) así como señala lugares que han cambiado su significado por ser mixtos. Os cuento este caso para insistir sobre la importancia de la estructura social, como clave de interpretación del espacio y, tratándose de hombres y mujeres trabajadores, resaltar cómo se negocian nuevas formas de ocupación del espacio público.

Lo importante es no descuidar la estructura social, las características sociales de los usuarios, de hacerlo así obtendríamos un espacio fosilizado, carente de contenido social y sólo apto para el diseño. Al hilo de esto, se han hecho estudios sobre las viviendas en la M-30 de Javier Sainz de Oiza, repartiendo unos cuestionarios a las personas que allí viven; los usuarios dieron ideas muy interesantes y creativas sobre las escaleras, las salidas de humos, las cocinas etc. Con respecto a las cocinas, se quejaban, por ejemplo, de la imposibilidad de abrir la ventana. Estoy segura que Oiza pensó en la elaboración de la comida francesa y no en la fritura, esto suponiendo que pensará algo respecto a la cocina. Pero lo primordial no está en la cocina; la cocina es simplemente un dato, el problema está en el esquema de pensamiento, en que a la hora de pensar un espacio no estimemos las características sociales que condicionan la habitabilidad de este espacio. Desacreditar la estructura social significa perder una información muy valiosa sobre nuestros futuros usuarios.

Y ahora podemos pasar al debate.


Javier Seguí: Has sacado un tema, para nosotros arquitectos, muy interesante y lo que me parece importante es que en esta escuela es un tema básico. El otro día el urbanista Carlos Sánchez Casas, que estuvo dando una conferencia en este curso, nos explicó que la mayoría de los diseños se toman, como siempre con la máxima urgencia, además de contar las condiciones dadas, como un conjunto de datos que no se ponen ni siquiera en cuestión.

Otra cosa que ha salido en las últimas discusiones es que probablemente la arquitectura moderna ha sido el fracaso más grande, justamente porque ha tratado alterar sin algún criterio los propios ritos de vivencia. Hay casas emblemáticas como las de Mies Van de Rohe o las de Frank Lloyd Wright, que han sido siempre inhabitables, porque cambian completamente la ritualidad interna, los mitos que están detrás de las casas, sin saber que lo están alterando y en que sentido. Otro tema muy claro es que la arquitectura está en una crisis, donde el arquitecto esta absolutamente pasmado ante el cambio social, siempre sometido a situaciones de urgencias, donde se pasa por encima a todos estos temas que has comentados.

Entonces yo tendría una pregunta: ¿qué se puede hacer? Yo estaría dispuesto a plantear en esta escuela algún procedimiento experimental, que rompa con los moldes convencionales que siempre están presentes. Cuando por ejemplo se proyecta una vivienda se parte siempre de la vivienda tradicional burguesa, de acuerdo con las convenciones establecidas.

Soledad Murillo: Creo que sería suficiente darse cuenta de que el espacio condiciona y ya viene precondicionado, habría que ser consciente que el sujeto que va a diseñar participa de unos estereotipos sociales, de una formas de habitar ya prefiguradas; formas que, lo tenga en cuenta o no, están cambiando, porque ya no proceden de la familia nuclear como unidad de habitabilidad única. En todas las familias nucleares hay una jerarquía de espacios, un uso muy diferenciado del espacio, por ejemplo hasta hace muy poco el salón ha sido un lugar que únicamente se abría cada vez que había una visita, como una exposición del Thissen!

 J.S.: ¡Es la pieza mas absurda de todas!

S.M.: El salón ha empezado a ser habitado, primero por la presión demográfica y por la necesidad de funcionalidad del espacio. La salita de estar ha sido destinada a reproducir los rituales domésticos más cotidianos: las comidas y las cenas; cuando los niños son mayores, o las visitas ya no representan un gran acontecimiento el salón cede su papel ornamental para ser instrumental. No obstante, no es únicamente un problema de dimensiones, sino de la interpretación del modo de habitar. Por ejemplo, me llama la atención el hecho de que en Holanda, los salones de las casas tienen una zona para que los niños ¿qué significado tiene?

Para contestar podemos hacer un ejercicio comparativo muy sencillo, o sea que cualquiera visualice, en su hogar o en otro que tiene la posibilidad de observar ¿qué lugar están ocupando los niños dentro del salón? Normalmente, los niños están siempre pegados a los padres, en una proximidad carente de barreras simbólicas. Podríamos decir: “encima” de los padres, interfiriendo cualquier tipo de comunicación entre los adultos ¿Qué es lo que falta entonces? La noción de límite por ejemplo, la utilización del espacio como espacio diferencial, lo que cultiva la autonomía y no olvidemos el recurso que procura la recreación de un espacio propio. Una práctica que utilicé con mis alumnos de 4º curso, fue plantearles que hicieran una tipificación social del espacio, y repito que los sociólogos, en ocasiones, olvidamos la estructura social para desagregarla en datos: sexo, la edad, la variable renta, la variable ocupación etc. Como decía, comenzamos a estudiar la semiótica del espacio desde Baudrillard, con el fin de averiguar qué tipo de objetos revisten el espacio, observamos los cambios que se producen en el propio acto de habitar. Aunque evidentemente el espacio ya esta prefigurado (los puntos de luz, el teléfono, la antena) poseemos la facultad de personalizarlo. Cuando hablo de tipificación, entiendo usos, rituales, costumbres, que a base de repetirse, se han convertido en inercias sociales y, como toda inercia, el sujeto no está en condiciones de detenerse a pensar en ello. La vida cotidiana es el aspecto en el que menos se reflexiona, sencillamente se actúa y reproduce.

Sobre esta tipificación de espacio, en una observación sistemática durante un mes, se descubrieron cosas muy curiosas, por ejemplo: Salamanca es una ciudad universitaria donde hay muchos pisos de estudiantes, y entre los chicos y las chicas que conviven en un mismo piso, hay un pacto de negociación muy alto sobre la ocupación de los espacios comunes; mientras que en pisos donde viven sólo chicos existe una falta de ocupación de la cocina, reducida a una especie de almacén, porque ellos siempre comen fuera y cualquier tipo de arreglo personal lo derivan a su lugar de origen: familia o demás.

Otro dato basado en un piso de estudiantes, proviene del uso de la habitación, ésta registra, por vez primera, una noción de privacidad, se puede cerrar la puerta, mientras que antes en la casa donde convivían con los padres, cualquier familiar tenía legitimidad para entrar, esto porque no hay concepto de límite en nuestra cultura microsocial ¿Deberían modificarse el diseño de las habitaciones para estudiantes? Un salón menos amplio frente a dormitorios espaciosos (entre los objetos imprescindibles: armario, mesa, cama). A la hora de alquilar un piso, los estudiantes no están interesados en los espacios comunes como la cocina o el salón, lo que priorizan son varias habitaciones donde singularizar un espacio para sus relaciones más significativas. Así notamos que el espacio se configura, no únicamente a razón del uso, sino de la noción de edad, de independencia, de relaciones, etc. ¿Están presentes estas características en el diseño de pisos? ¿Es lo mismo proyectar para Salamanca, que para otras provincias, con menos de 30.000 universitarios?

Otra investigación sobre la tipología del espacio, las transformaciones en base a las necesidades de ocupabilidad, en la que incluimos la relación espacio-tiempo, fue a propósito del período de navidad, momento en el cual los espacios se sobreocupan por visitas o acontecimiento externos a la propia vida familiar. En esta temporada hay una ornamentación del espacio, preparado artificialmente para festejar los acontecimientos de fin de año. El lugar cotidiano se transforma en un espacio de representación social, en un escaparate, por ello se inauguran nuevas formas de ocuparlo y administrar su uso. Resultaría sorprendente las habilidades de cambio: si hay una fiesta y todos tenemos que estar juntos, si no tengo suficiente sitio me lo creo, la versatilidad de uso sería un buen indicador para proponer nuevas formas de concebir la construcción de la vivienda. Hay que reconocer que los espacio son absolutamente polivalentes, pero en base siempre a unos condicionamientos sociales que pueden ser analizados y no son difíciles de detectar, porque todos estamos incluidos en este espacio y podemos participar de él, analizar nuestras sendas (pasillos o recorridos más frecuentados) o inventarnos lugares.

 J.S.: Generalmente el trabajo de un arquitecto o de un artista es hacer conjeturas: primero las haces y luego las compruebas, porque es muy difícil partir de datos predeterminados y que a veces no corresponden a la realidad. Entonces que se puede hacer para sensibilizar con respecto a estos temas, por donde empezar? Esta escuela es muy clásica, tenemos una serie de patrones, que están absolutamente mitificados, que son inconscientes y nadie se atreve a romperlos. Por ejemplo, en las viviendas de protección oficial, que están perfectamente organizadas, nadie puede saltarse las normas al proyectarlas. Desde cinco años el Ministerio esta tratando de revisar las normas de estas viviendas, pero no sabe que hacer. Es por esto que salen viviendas como aquellas proyectadas da Javier Sainz de Oiza en la M-30, que se ajustan estrictamente a la normativa de la vivienda de protección oficial, porque no se puede hacer otra cosa, como ampliar la cocina o cambiar las dimensiones del salón, habría que alterar las normas.

 S.M.: Es verdad, porque por ejemplo en la viviendas de Oiza no se puede abrir la ventana de la cocina o al menos no del todo, entonces no se si el señor Oiza se había planteado el problema de la ventilación de la cocina, porque no se trata de un problema de configuración espacial, sino simplemente de un problema práctico de ventilación derivado de su uso (a no ser que lo desconozca por completo). Quizá, se supone que los usuarios tienen que hacer comida vegetariana o francesa y no la fritura, elaboración de alimentos más probable por parte de los que viven ahí.

Villasante, un sociólogo partidario de una metodología basada en la acción-participativa plantea la necesidad de preguntar a la gente lo que quiere, pero yo creo que esto no basta para legitimar la respuesta. El discurso individual se hace eco del discurso social con excesivo mimetismo. hay que tener cuidado porque no se valida la información con el presupuesto de preguntar por preguntar, la gente puede decir: “yo quiero un chalet con dos leones en la entrada o un salón de 200 metros cuadrados o cosas por el estilo”. Creo que lo mejor es recurrir al propio técnico, que sea un analizador, que entienda el espacio mas allá de su propia configuración, sin descuidar la vinculación espacio-estructura social. Hay que hacerse eco de estos tipos de estudios, no se puede simplemente preguntar al usuario que tipo de vivienda desea, porque a lo mejor coincide con el modelo de casa clásica del siglo XIX.

 J.S.: Siempre coincide con la casa clásica del siglo XIX.

Alumno: El usuario nunca se libera de sus  convencionalismos, habría que hacer una investigación y ver, a fondo, lo que realmente necesita.

J.S.: La gente no sabe como quiere vivir, le molesta como vive, pero no se le ocurre nada para cambiarlo, cuando la gente plantea su “desideratum”, éste siempre tiene unas limitaciones económicas.

A.: Cada vez hay una mayor igualdad teórica entre hombres y mujeres, ¿esto se refleja en espacios desposeídos de género?

J.S.: El año pasado estuvo aquí un arquitecto que comentó unos estudios que habían hecho en Estados Unidos y Inglaterra, sobre la demanda de habitaciones de parte de gente soltera o de nuevos tipos de grupos familiares, que quieren por ejemplo dos casas juntas, independientes, pero con un espacio común. Entonces, me imagino que ahora habrá muchos estudios de situaciones emergentes y nuevos estilos de vida.

  S.M.: Hay muchos, lo que yo mas conozco son aquellos de cara a las mujeres. Por ejemplo en Berlín hay una iniciativa muy curiosa, dado que muchísimas mujeres están permanentemente viajando por razones de negocios, se observó que cuando estas mujeres van a residir en un hotel, buscan recrear un lugar de ocio dentro de un espacio público (el bar del hotel) donde tomarse una copa tranquilamente, sin ser molestadas o bien, observadas por la mayoría de los sujetos que viajan (varones). Es una experiencia de reciente creación, pero ¿no os parece una idea ajustada a las nuevas necesidades sociales? Lo planteo como un detalle sobre la necesidad de descubrir campos, estamos en un sistema académico y creo que hay que encontrar una forma de remediarlo, retomar lo que ya se conoce y crear unas realidades de acuerdo con la objetividad disponible. Estamos tan poco acostumbrados a imaginar, a pensar, a estar atentos a las nuevas necesidades poblacionales, a los nuevos estilos de vida y a cómo se han ido configurando…, necesitamos ampliar nuestra observación más allá de la pantalla del ordenador.

A: A propósito de las nuevas realidades sociales, hay una que me parece importante y es que con el aumento del índice de vida, surge el problema de la tercera edad y de su ubicación en un espacio.

S.M.: Esto de la tercera edad es tratado en occidente como un problema físico-neurológico, mientras que es también un problema social, además, ¿cuándo empieza uno a estar viejo, alguien ha pensado cómo surge la geriatría? Ahora hay jubilados de cincuenta años o menos. Están todos a punto de ser expulsados del espacio familiar, porque la mujer trabaja y no tiene tiempo para ocuparse de ellos, además de su menor apuesta por el sacrificio, por lo tanto, tenemos que inventarnos nuevos espacios para ancianos. Los geriátricos no sirven, porque son hospitales, no están pensado para ancianos que son cada vez más pronto tratados como tales, aunque tengan cincuenta años.

Una vez estuve en un congreso de geriatría, para hablar de ancianos, entonces yo le decía que habría preferido ser vieja en la edad media, cuando una persona mayor tenía una respetabilidad social por haber acumulado signos de experiencia y estaba interpretada para su comunidad como una persona experimentada. El concepto de vejez no la aislaba de su comunidad, ni la estigmatizaba, en el sentido de ponerle una marca que la apartara del resto. Pero ahora, una persona mayor, esta ingresada en un geriátrico, tratada como un paciente, en un espacio diseñado y planteado en términos funcionales: cuidados y atención hospitalaria. ¿Os imagináis proponiendo una fiesta, existiría un lugar para ello? ¿Cómo están diseñadas las habitaciones, puedo recibir a alguien con el que no me unan vínculos de parentesco?

A raíz de estas consideraciones, creo que podemos incidir dentro de nuestras disciplinas con mayor creatividad y éxito, creando nuevos espacios en base a los nuevos tipos de relaciones que se están configurando, tratando de establecer nuevos rituales y formas de estar y de comportamiento.

A.: Con respecto a estos nuevos estilos de vida, una tendencia que se hace cada día mas fuerte es aquella del teletrabajo: una persona que trabaja fuera de casa, tiene una separación entre el espacio privado del hogar y el espacio público del trabajo, y por llegar a este espacio laboral tiene que prepararse, disfrazarse, trazar una senda, recorrer unos caminos; en fin, marcar una separación espacial y temporal. Mientras que ahora con el teletrabajo, resulta mucho mas difícil no mezclar lo que es únicamente trabajo con la vida privada, por esto hoy en el proyecto de una vivienda habría que tener en consideración la necesidad de crear nuevos espacios.

S.M.: Sí, hay que inaugurar nuevos espacios, lo único que he leído sobre este tema, ha sido un artículo de la revista “Signs”, donde se planteaba que el teletrabajo ha sido introducido fundamentalmente para las mujeres, porque pedían estar en casa. Y por estas mujeres, la única forma de diferenciar el espacio laboral del espacio privado, es apagar el ordenador, en cuanto están o con el teletrabajo o con las tareas domésticas.

El problema sería valorar los efectos que se producen por invadir nuestras zonas de reserva, si no acotas un espacio para ti, es poco probable que puedas pensar en ti, en el sentido de construcción de identidad o, simplemente, relajarte a partir de la diferencia de espacios (laboral – privado).

A.: Apagas el ordenador con el “off” y dejas el trabajo, mientras que con el “on” vuelves al trabajo; todo con un solo gesto, parece muy peligroso…

J.S.:  Últimamente he tenido relación con unas personas que han hecho un estudio sobre como incluir el puesto de teletrabajo en una casa, de tal manera que en un momento determinado desaparezca, se transforme en otra cosa.

A.: Otro tema importante, es el hecho de que la jornada laboral ha cambiado, se ha reducido y entonces, ahora hay más tiempo libre.

S.M.: En realidad, los imperativos laborales son tan fuertes que se reduce la jornada laboral, pero sólo a efectos presenciales, porque antes, cuando una persona volvía a casa del trabajo, ponía un compact, jugaba a las cartas, etc. Mientras que ahora se pone a trabajar, y esto lo hemos constatado en base a dos investigaciones hechas en el año 1993 y 1996. La presión del desempleo se ha convertido en imperativo categórico, hay que trabajar y acumular mas.

A.: El teléfono móvil ha invadido el espacio privado, porque cuando esta encendido el espacio donde uno está situado, se convierte en espacio público.

S.M.: Se notan muchos cambios al variar el estilo de vida, por ejemplo el coche se ha convertido en un espacio privado, mientras que la casa se ha convertido en lugar de trabajo, donde llegas y sigue trabajando, no hay descanso.

A.:! El coche como único momento de soledad ¡

J.S.: Probablemente el movimiento moderno ha atribuido más importancia al invento de la lavadora, que a cualquier invento de vivienda.

S.M.: Ahora hay una cuestión muy curiosa, que pero en este instante sería casi imposible resolver, la posibilidad de proyectar una vivienda, por así decir: “auto-limpiable”, dado

que las viviendas actuales todavía generan una enorme cantidad de trabajo, con gasto de tiempo y de energía. Esto pero chocaría con las teorías semiológicas de Baudrillard y Eco, sobre la transferencia del espacio y su poseedor, porque: ¿cómo puede una persona identificarse con una vivienda así? Es una contradicción muy fuerte.Lo único que ha evolucionado en la vivienda son los electrodomésticos, el resto no ha evolucionado absolutamente nada, el futuro de la vivienda está en manos de Westinghouse¡

J.S.: El otro día se comentaba que en Estados Unidos se han realizados unas viviendas de 25 metros cuadrados para cuatro personas, que son muy baratas y además están vigiladas y hay bofetadas para comprarlas. El otro modelo de forma de vivir, que también está muy extendido, como desideratum, es aquello del hangar vacío de 1000 metros cuadrados, donde vive una sola persona, como sale en las películas; hay como fantasías cruzadas.

Pienso que hay que advertir estos cambios y estos deseos, ser especialmente agudos en ver las cosas, en observarlas, pero esto es muy difícil.

A.: Sobre todo porque, por ejemplo, en un concurso para el proyecto de viviendas, se obligan los arquitectos a estar a los centésimos, no hay negociación posible, hasta el propio Europan que es un concurso para jóvenes arquitectos, sobre el tema de la vivienda, tiene siempre el mismo programa, y salen viviendas de protección oficial mascaradas con curvas y con gestos.

J.S.: Creo que si se detectara una necesidad clara, como promoción libre, y se la construyera, se acabaría produciendo el fenómeno de que la gente la busque. A lo mejor los arquitectos tienen que ser , como está pasando en algún sitio, promotores y edificadores, y arriesgarse con su trabajo.

A.: Esto supone exigir demasiado de un arquitecto, el cual no puede tener conocimientos en todos los campos, el proyecto tendría que convertirse en un laboratorio, donde distintos profesionales puedan investigar juntos. Es muy difícil, pero es una crítica oportuna y necesaria.

J.S.:  En Francia, en los años sesenta, había un centro de estudio psico-ambiental, que estaba vinculado con el Instituto de la Construcción y estudiaba la apropiación del espacio. Hay que ver si el espacio refuerza o problematiza, se sabe por ejemplo como una persona desequilibrada tiene una correlación con un cierto tipo de vivencia del espacio, pero no se sabe, a la inversa, como el espacio influye. En la patología parece que sí, el espacio esta implicado, entonces el espacio, por inducción, tiene algo que ver con la propia formación del individuo, con la propia lectura de entendimiento de la situación social.

S.M.: El problema de la responsabilidad del arquitecto es excesivo, creo que esta de tener una especie de laboratorio, podría ser interesante emprender iniciativas interdisciplinares.

J.S.: El arquitecto no puede tener tantas responsabilidades, porque no es ni inventor, ni científico, es una especie de ejecutor material. Un cambio de esta magnitud no es de una profesión, es interdisciplinar. Hay que empezar desde la escuela de arquitectura, estudiando con espíritu crítico y haciéndose, medianamente consciente de que se están utilizando muchas veces conceptos absurdos.

S.M.: Partimos de un contexto institucional, académico.

J.S.: Pero arquitectura no es académica del todo, porque siempre ha sido una escuela de oficio, que se ha convertido en universidad hace muy poco, sabemos de una serie de disciplinas que son universitaria de siempre, como la tecnología y las humanidades, pero el cincuenta por ciento del tiempo no esta articulado, por ejemplo en un proyecto no figura ningún esquema académico, se puede hacer lo que se quiere, en este sentido esta escuela tiene mas libertad, académicamente hablando, que otras facultades. Esto te hace diletante, te aísla, como no puedes hablar de este trabajo porque se recubre de significaciones, nadie entiende el arquitecto. Otro problema presente es la decadencia de la profesión, además del mantenimiento de un estatus semejante al que existía a principios de este siglo, cuando el arquitecto adquirió esa predominante social hegemónica, y todavía, en cierto modo, queremos mantener esta situación privilegiada, donde se busca el arquitecto para que resuelva una cosa que nadie sabe resolver. El futuro de la profesión pasa por asumir toda esta situación de cambio, colaborar con otra gente y ver lo que la sociedad demanda.

S.M.: Trabajamos con una idea tipificada de lo social, ¿la sociedad demanda verdaderamente lo que pensamos o aprendemos en un contexto formativo, se verifique o no en el proyecto? A lo mejor se pueden crear espacios donde se asegure la privacidad y que sean rentables y posibles. La vivienda en este país tiene un peso especifico enorme en cuanto a solvencia económica del sujeto que la adquiere, no sólo es un lugar habitable.

J.S.: La vivienda es la industria de la cual viven el cincuenta por ciento de las ciudades pequeñas, no tienen más ingresos que hacer viviendas y venderlas.

A.: Todavía en España tiene mucha importancia el concepto de propiedad, entonces es muy difícil plantear situaciones ambiguas, como esta que comentábamos antes de los chalets con zonas comunes con otra familia. De hecho la vivienda en alquiler a diferencia de otros países europeos no tiene aquí ningún éxito, y no sólo porque la gente no quiere alquilar, también por motivos de legislación y de ley de arrendamiento.

A.: El concepto de privacidad está al extremo, aquí no es sólo el hecho de que no pisen tu terreno, sino que no miren dentro tu terreno, por eso la gente levanta vallas enormes, muros, etc., mientras que, por ejemplo, en Estados Unidos tienen unas vallitas de madera o nada.

J.S.: Lo que está claro es que en función de la economía general, es más rentable hacer viviendas en propiedad, porque la vivienda de alquiler tiene que estar subvencionada de algún modo.

S.M.: Otro tema importante es que la vivienda en propiedad entra en flagrante contradicción con las nuevas demandas de empleo, sin detenernos en la alta tasa de empleo temporal, la movilidad geográfica es un requisito profesional, entonces ¿qué hacemos con el criterio de vivienda en propiedad, frente a la necesidad de cambiar domicilio? Hay un desajuste entre la noción clásica de estabilidad y las profesiones emergentes. Los arquitectos no tienen que solucionar solamente el tema puntual de una obra, de acuerdo con un prediseño, que ya está codificado de antemano por determinados intereses económicos (¡el constructor sin ir más lejos!) Sería más operativo colocarse como arquitecto que conoce perfectamente la futura demanda y presenta soluciones. Es evidente que tener algunas ideas innovadoras tiene un precio, el precio de lo que significa inaugurar un nuevo terreno de reflexión. Estamos en una sociedad de marketing y, no sólo deberíamos detectar nuevas necesidades sino atrevernos a vender nuestro producto.

A.: El problema que tiene un arquitecto a la hora de introducir nuevas soluciones en un proyecto de viviendas, es que este es un trabajo puramente especulativo, donde se intenta sacar de menos metros, mayores usos y satisfacer la demanda.

J.S.:  La relación metros útiles-metros cuadrados, tiene que ser la óptima, y valen todas trampas, esto se ha visto en los últimos concursos, donde hay espacios que están asimilados como dormitorios, pero no se pueden utilizar como tales. También se hacen soluciones porque parezca que no hay pasillos, pero sigue habiéndolos, este sería el gran invento de Julio Cano Lasso, en sus ultimas viviendas.

A.: He visto un nuevo edificio de viviendas donde no se vendían los locales comerciales, dado que están en un sitio donde solo se venden viviendas, este piso bajo comercial tenía bastante altura, entonces los promotores lo han modificado, no se si eso lo aprobará la normativa, pero ahora hay un cartel que dice: “Originales duplex con cochera”, y viene un planito donde en el local comercial han sacado cuatro puertas de garaje, y aquí está el coche, una escalerita, el dormitorio sin puertas, un aseo, sube un poquito mas y encima del garaje hay una supuesta sala de estar, de manera que el apartamento tiene tantos metros que la cochera.¡Ya no es vivienda con plaza de garaje incluida, es plaza de garaje con piso incluido¡

S.M.: Vosotros no pensáis que dado el constructor, el reglamento, la ley de urbanismo, todas estas cosas que os preceden, podéis correr el riesgo de quedaros en un papel menos relevante, al tener que estar reproduciendo modelos ya establecidos. Este esquema significa asumir una gran competitividad profesional.

J.S.: En efecto, no hace falta un arquitecto para optimizar una vivienda de protección oficial, lo hace mejor alguien que no sea arquitecto, un habilidoso combinador de espacios…

S.M.: La realidad es muy compleja, pero el término complejidad choca con esa homogeneización permanente que se pretende dar. Como técnicos nos podemos ofertar para solucionar este problema, se lleve o no a la practica, Es decir, deberíamos indicar que esta forma de pensamiento no es tan consolidada, porque la sociedad cambiante reclama otro tipo de habitabilidad.

Por ejemplo, ahora está aumentando el número de las separaciones y resulta que las madres se quedan con los críos en pisos demasiado grandes, mientras que los padres van a ser futuros destinatarios de un hogar, llamado solitario. Qué número de hogares deben aparecer para dar respuestas a todos estos nuevos tipos de habitabilidad.

J.S.: He visto en algún sitio, como Latinoamérica, una  especie de homosexualidad social obligada por las dificultades del ajuste económico, para no comprometerse es más fácil ser homosexual que formar un núcleo familiar.

A.: Creo que no ha cambiado solamente la realidad del espacio privado, sino también la del espacio publico laboral. Por ejemplo, antiguamente las oficinas tenían muchos despachos individuales, mientras que ahora se proyectan espacios abiertos, mas flexibles.

S.M.: El concepto de fábrica ha cambiado mucho desde el siglo XIX, cuando se hacían estas fabricas maravillosas en ladrillo, ahora una fábrica se monta y desmonta en una semana.

Se han hecho varios experimentos con respecto al espacio laboral y a las condiciones de trabajo, por ejemplo en una empresa de química alemana, se diseñó un espacio libre de ruido, de interferencias, absolutamente higiénico, aséptico, con muebles blancos, sin ningún tipo de diferenciación de espacios, ni por tareas, ni por ejecuciones, y curiosamente los trabajadores experimentaban malestar, dado que contaban con referentes, con marcos diferenciales respecto a su propia concepción de espacio. Las condiciones del espacio de trabajo no se refieren sólo a los aspectos de salubridad, prevenciones de los incidentes laborales, etc., sino también a la necesidad de crear un ambiente laboral que no sea totalmente aséptico. En otro orden, se ha demostrando que los sistemas de control sobre el espacio laboral influyen en su diseño: lugares donde ser observado. Su origen obedece a la antigua forma de producción en masa del siglo XIX, ésta lógica no da buen resultado, porque el trabajador tiene que sentirse responsable de sus tareas, más que supervisado. Las nuevas fábricas lo que han hecho es elevar el sistema de visualización del espacio, arriba, en un piso alto y acristalado, para poder tener un buen sistema de control.

A.: El trabajador quiere que la fábrica sea un ámbito diferente al de su casa, pero el problema surge cuando con el teletrabajo se junta todo, lo lógico sería que cuando uno empieza a trabajar en su casa, ganara lo suficiente para mudarse en una casa mas grande.

S.M.: ¿Tu propondrías una casa pensada también para introducir las nuevas técnicas de teletrabajo?

A.: Las casas de hoy están pensadas para responder a los problemas de habitación y no de trabajo. Creo que las empresas tienen que vertir los recursos que emplearían en construir el espacio de trabajo en la propia empresa, al servicio del teletrabajador, poniéndole en condiciones de tener una casa apta.

S.M.: Aún no se sabe qué problemas aparecerán con el teletrabajo, que no diferencia espacios, no sé si vale solamente con cubrir la pantalla y salir de la habitación. En definitiva, la diferenciación va a ser mínima, porque si estás trabajando en casa la desconesión significa cambiar actividad, siempre que cuentes con “otro” espacio que favorezca una transición entre tarea y descanso. El espacio público laboral proporciona elementos nada desdeñables: la relación con otros pares en las que no media parentesco, las mantienes o desechas en virtud de tu personalidad, o tus demandas (las relaciones informales son claves para el clima laboral) y otro elemento es el dispositivo de frontera, entre el orden público y privado. Habría que ser muy rigurosos con respecto al teletrabajo en lo relativo a un espacio que aglutine trabajo y afecto. Ahora controlamos la diferencia de espacios, no su fusión. Aún así, es un proceso muy lento, es un cambio de mentalidades y además estas medidas telemáticas deberían incluir un cuidadoso estudio del uso del tiempo. Espacio y tiempo condicionan nuestra vida cotidiana, la regulan y la dan sentido.

J.S.: Me preocupa mucho la escuela, noto que la perspicacia que se necesita, presupone una cierta lentitud; sin embargo, el propio ritmo de la escuela especialmente en el Departamento de Proyectos es todo lo contrario, porque los alumnos tienen que hacer dos proyectos, en un cuatrimestre, no hay tiempo, lo importante es que te salga algo. En un taller de proyecto hay que plantear un clima donde se puedan decir cosas raras y donde todo el mundo se pueda entender, en una clase de cien alumnos pueden así salir ideas interesantes. El ambiente tiene que permitir una comunicación que sea significativa y que se pueda transmitir.

S.M.: En la universidad se impone la ley del silencio, y no hablo en sentido metafórico, se pide al alumno que asimile unos conocimientos y los viertas de manera plástica, como en el caso de la arquitectura, no se utiliza el proceso de conocimiento de manera muy innovadora, aunque lo parezca. Pero la Universidad valora la reproducción de lo aprendido. El saber significa interrogarse, sabiendo, incluso, que no siempre se consiguen certidumbres, por ello sería magnífico conocer la rentabilidad de los equipos multidisciplinares.

A.: Has repetido en varias ocasiones algo que voy entendiendo cada vez mas, según vamos hablando, y es el concepto de la arquitectura como actividad multidisciplinar, ¿pero los profesionales pueden entender lo que la gente realmente quiere?

J.S.: Yo creo que no, no puedes preguntar a la gente lo que quiere, para luego hacer un producto y exponerlo en el mercado. La Arquitectura tiene que hacer experiencias, inventarse cosas nuevas, ponerlas en el mercado y ver si se venden, seguro que de ahí se podrían ver cuales son las tendencias. Pero mientras todo está tan regulado es imposible.

A.: Creando oferta, se crea demanda, esto es un hecho.

J.S.: Los experimentos que hay en Madrid representan solo un cinco por ciento de toda la producción.De todas maneras, un cambio de mercado, o lo hace como promotor, apoyado interdisciplinarmente por otra gente, que puedan reforzarte algunas de tus hipótesis o no puedes. La Arquitectura pasó por una época después de la revolución del 68, como una autodisciplina, que con la historia de la arquitectura tenía suficiente. Ahora el problema es ver como se puede refundar la arquitectura, se puede hacer sólo teniendo en cuenta todos los conocimientos que están enganchado a la materia.

En la universidad se ha creado una ortodoxia del entendimiento de la arquitectura, de quién son los arquitectos, divididos en buenos y malos. Entonces resulta que entras dentro de unas pautas que no entiendes.. Por eso hay que ser cautos y saber que para hacer el trabajo de arquitecto o estas reforzado otras visiones dentro del universo social y del conocimiento, o se restringe tu campo de actuación.

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