HAY ALGO QUE NO ES COMO DICEN

Reseña sobre el libro de Juan José Millás ‘El caso de Nevenka Fernández, contra la realidad’

La primera sorpresa estriba en leer un libro en pocas horas, cuando el relato transcurre desde abril de 1999, momento en que a Nevenka le ofrecen un puesto en el Ayuntamiento de Ponferrada, hasta el 26 de marzo de 2001, fecha en que anuncia su dimisión de concejala por haber sufrido acoso sexual por parte del alcalde.

Millás nos obliga a pensar en las relaciones de poder, cuando éstas se especializan en expropiar a cada uno de nosotros la identidad de la que nos hacemos portadores. En el libro de Nevenka es fácil reconocerse, porque a menudo hemos tenido que desertar de nuestro pasado, de aquella imagen que la familia o las viejas amistades, se empeñaban en adjudicarnos y desmentimos, en la medida que tomamos decisiones que suponen la apuesta por uno mismo. Un tránsito en el que es preciso apoyarse en complicidades que avalen lo que hacemos. Nevenka carece de este recurso vital y afronta esta metamorfosis, como la denomina Millás, en solitario. Nadie está con ella, excepto Lucas, un novio excepcional porque no necesita saber para estar a su lado y que está muy presente a lo largo de la obra.

La historia de Nevenka es la crónica de un naufragio, que ni provoca ni acierta a comprender cómo se ha originado. Sin embargo, Nevenka no parte de cero. Al ofrecerle su puesto como concejala, ya sabe de la fama de mujeriego del alcalde, pero neutraliza esta inquietud al creer que otro hombre la protegerá, el teniente alcalde, quien además era amigo de su padre, figura a la que venera y dedica sus éxitos como estudiante y como hija ejemplar. Nunca defrauda a nadie y cumple bien su papel, entonces ¿por qué iba a sucederle nada malo? Precisamente, su buen hacer la lleva a tener una corta relación sentimental con el alcalde cuando éste se queda viudo, quien rentabiliza su dolor en un cebo traidor, pero Nevenka pronto advierte que esta relación le hace daño, porque es una relación libertina, donde el otro está obligado a doblegarse ante el amo. Con el amo no valen las explicaciones, porque ante él no hay nadie sino la máxima obediencia.

Lo que más le duele a Nevenka –y se lo reprocha- es saber de las  desagradables sensaciones que experimenta y no poder ponerles nombre. Todo adquiere sentido cuando escucha una experiencia personal semejante a la suya en un programa de televisión, y al leer El acoso moral, de Marie-France Irigoyen. A través de estos relatos comienza, con la lentitud y la extrañeza de quien aprende una lengua, a colocar términos para representar lo que le ocurre. Aunque su cuerpo ha sido el primero en atestiguar la materialidad del desastre: ansiolíticos, pastillas para proteger el estómago, fumar y refugiarse en una cama de la que no sale, pero ya sabemos que cuanto más habla el cuerpo menos funciona la cabeza.

La obra de Millás siempre ha tenido presente la complejidad del cuerpo y se asombra del que queda de Nevenka cuando la ve por primera vez. Esta ha buscado asilo en casa de la familia de su novio, en Talavera de la Reina, donde se encuentra periódicamente con Millás mientras narra su perplejidad ante lo que la sucede. Trasmite al escritor su asombro ante la posición familiar, dado que sus padres han encontrado en la enfermedad, en su extrema delgadez y en su ansiedad, una explicación objetiva que les tranquiliza. Nevenka les pone las cartas boca arriba, su relación con el alcalde, su posterior acoso, aún así la verdad no logra imponerse porque, si fuera cierto lo que dice su hija, no hay cimientos en los que refugiarse.

Mientras que el que el libertino cuenta con saberse parte de una masculinidad que aún no ha caducado, y de la cual todavía puede uno vanagloriarse, ella es la desviada, la trastornada. La estrategia es impecable. De nada sirve su trayectoria política y personal, su identidad de una buena chica de 24 años, cuya belleza se ha vuelto en contra suya, porque siendo joven y guapa, ¿cómo podría creerse que además era lista? Y menos aún, un sujeto con derechos. Semejante atrevimiento está penado con la inversión de la carga de la prueba: ella era la culpable y no el alcalde.

No en vano nadie la llama y se interesa por ella, ha perdido toda relación que creía significativa. Al libertino le sucede lo contrario, su tratamiento en la prensa es complaciente: ha caído en manos de una seductora. Ana Botella lo elogia y hasta Amancio Prada se suma al derribo. Ante semejante horizonte cualquiera hubiera entendido que lo mejor hubiera sido dimitir y dar por terminado el asunto. Hasta Millás reconoce que le hubiera recomendado lo mismo de estar próximo a ella, pero en Nevenka sucede algo extraordinario, recupera lo que los demás no le conceden: el respeto.

El respeto consiste en reconocerse un valor innegociable, por eso busca aliados e incluso allí donde nunca los hubo, acude a la concejala del PSOE, Concha Velasco, ésta renuncia a hacer un uso inaceptable de la información, quien insta a su grupo político para que no saque provecho de ello. Concha le presenta al “Hombre Invisible” un reconocido periodista, quien facilitará a Nevenka el abogado que tramitará su denuncia. El Hombre Invisible también propicia el encuentro con Juan José Millás, a través de quien conocemos lo que ocurrió entre tanto empeño por silenciar el acontecimiento. Si la fuerza de Nevenka reside en no dimitir, la de Millás estriba en querer saber a través de ella cómo se ha urdido la trama, ante la cual el escritor toma un claro partido, porque en una injusta persecución no vale abstenerse.

Llega el día en que decide poner todo patas arriba y acompañada de su abogado, Adolfo Barreda, sube a la mesa atestada de micrófonos donde hará pública su extorsión, desmintiendo la injurias vertidas sobre ella, ni drogadicta, ni enferma mental, es una mujer acosada. De esta manera rehabilita su nombre propio y con él, la credibilidad que tanto cuesta mantener.