Los métodos cualitativos, denominados “estructurales” [1] por Jesús Ibáñez, sufren de una doxa (una opinión generalizada compuesta por rumores, el habla de la gente común) que parte, para su definición, de una contraposición con los métodos cuantitativos. Les ocurre como al artículo femenino que soporta un genérico masculino en el orden global de la designación, de tal suerte que su especificidad, necesariamente ha de derivarse.

Siguiendo con la metáfora, lo cualitativo -en términos de doxa- suele identificarse con el uso de las palabras, las descripciones, los relatos, las transcripciones de opinión, las entrevistas, los grupos. Ahora bien, el problema es la desconfianza con lo inmediato, con lo interno, con la parte subjetiva del sujeto, de tal forma que se establece una relación dicotómica con respecto a los métodos analíticos-empíricos; identificando el conocimiento con modelos operacionales de signo matemático.

Las dicotomías cumplen su papel, se centran en un modelo formal basado prioritariamente en una jerarquía, además poseen una enorme capacidad para incluirse en las prácticas discursivas y en el conjunto de representaciones simbólicas que subyacen en el saber de una realidad social determinada. El hecho de sedimentar las oposiciones y reforzarlas sirve a su vez para estructurar otras divisiones, la maniobra se completa sustentando en esta jerarquización una “lógica del conocimiento científico”.

Ahora bien, la perspectiva estructural comparte con la perspectiva distributiva algunos diseños dentro de la investigación social:

l. Descriptivos, cuyo objeto se basa en la detección de un fenómeno de interés para averiguar las conductas, actitudes -incluidas las sujetas a medida [2]– o procesos que acontecen a partir del fenómeno. A las formas de observación (entrevistas, grupos o cuestionarios) les sigue un método de análisis: documental, de contenido o discurso, instrumentadas en función de estrategias pertinentes (estudio comparativo, etnográfico, historias de vida, análisis de casos)

2. Explicativos, aquellos cuyo objeto persiguen discriminar los factores que influyen en un fenómeno determinando sus causas, cuyos modos de análisis se prestan -mediante técnicas cualitativas (observación, entrevistas y grupos) a su utilización en los estudios históricos, de casos, comparativos o etnográficos.

No así en los estudios predictivos, encaminados a pronosticar la evolución de un fenómeno han utilizado estrategias de investigación experimentales, mediante análisis de varianza, u otros análisis multivariantes, regresiones o series temporales.

Una investigación cualitativa ha servicio en la práctica metodológica como repertorio, o inventario semántico con el que confeccionar los ítems de un cuestionario. Este papel de “extra” ha de cobrar protagonismo en base a recuperar un sentido de utilidad que justifique la investigación, en una adecuación a su objeto, así como en la tentativa de evitar que la realidad social se objetive como mera fuente de datos transformable en una entidad abstracta.

El diseño en la perspectiva estructural es abierto, como abierta es una investigación definida como un proceso. La realidad escapa a una descripción formalizada, así como el sujeto investigador (provisto de su discurso valorativo) ya no puede refugiarse en el status del experimentalista. Queda irremediablemente conectado a la investigación al intervenir directamente en su diseño, en su devenir operativo y en la formulación de sus elementos concluyentes.

Aun así todos estos acontecimientos, en un diseño de investigación abierto y dentro de un proceso dialéctico, se someten a los cambios que reclame el objeto de investigación (en la medida que se altera al ser observado). El objeto de estudio es el discurso y su captación depende del volumen y la cualidad de la información obtenida.

La investigación cualitativa se pliega a la pluralidad expresiva de la información. Una información poco propensa a presentarse libre de “ruidos” o de “interferencias” (al contrario, éstas serán muy rentables en la secuencia interpretativa). La información actúa como el equivalente al dato, pero ésta no se ofrece al investigador apta para ser instrumentada.     En los grupos de discusión y las entrevistas, el flujo informacional salta de un plano a otro del discurso (pueden verificarse diversos tipos lógicos de información dentro de la misma secuencia). También es susceptible de obturarse (los conflictos o los desacuerdos son unidades de información) o de exhibir sus cortes de comunicación (los tipos de silencios), cuando no se reproduce miméticamente (sobreescriturando el discurso social).

En la secuencia de interpretación y análisis, no se contempla el concepto: “información excedente”, aunque como en toda asimilación (desde la propia transcripción hasta la escucha) se pierde información. Hecho que resulta inevitable pues la propia diferencia de códigos opera a modo de mecanismo selectivo. No obstante, en el diseño de investigación cualitativa, no son los criterios de “representatividad” (según los modelos de muestreo estadístico) los que ordenan una selección de actuantes o de contenidos, sino los criterios de “pertinencia”, en la medida que son las relaciones entre sujetos las que adquieren la capacidad de reproducción del discurso, en un contexto situacional (escenario artificial del grupo de discusión) que favorezca la aparición de un discurso, lo menos estructurado posible.

3.7.   LA PRUEBA VERITITATIVA POR EXCELENCIA: LA VALIDEZ

Bien es verdad que dicha aspiración es el epílogo de toda investigación, por ello parece conveniente asegurarse de que las técnicas empleadas para aproximarse a una realidad han sido las pertinentes y han cumplido los requisitos que se precisan en toda búsqueda ordenada (pensada y sistematizada).

El problema de la validez, o el control de la eliminación de inferencias ha sido tratado con profundidad dentro de la perspectiva experimentalista. Siguiendo a Cambpell y Stanley (l970) que fijan los criterios de validez, éstos se enumerarían de la siguiente forma.

l. La validez interna verificada en función de ofrecer unas correctas interpretaciones de los fenómenos que tratan de explicarse, ciñéndose a los mismos rigurosamente y no a otros colindantes. Dentro de la misma, la validez del constructo, nos remite al de indicadores sociales. Lo cual nos lleva a considerar de qué modo se utilizan ciertos constructos, como para que estos sirvan de referentes en las técnicas de grupo de discusión o de entrevista (o la formulación de preguntas en un cuestionario).

Pongamos un ejemplo, en los grupos de discusión, los enunciados de partida (la presentación del coordinador a los asistentes a la reunión) deben cuidar que se produzca una referencia semántica y pragmática, en el sentido de provocar en el sujeto que escucha una resonancia con su sistema de significados. Para evitar que el sujeto observado conteste -de manera mimética como mero receptor- se ha de cuidar con esmero el sistema de referencias para evitar que actúen a modo de reproducción de estereotipos; en definitiva, se trata de mantener una actitud vigilante con respecto a los efectos de una escucha pasiva.

2. En cuanto a la validez externa, ésta se articula mediante la superación de la prueba de generalización de los resultados obtenidos en otras investigaciones, que guardan una fuerte similitud en la formulación de contenidos y en la elección de objeto. A estos tipos de validez se suma la validez estadística, a nuestro juicio, la que otorga a la investigación el certificado de garantía, la que cumple la función veritativa, máxime cuando el concepto de validez no se entiende si no se superan los riesgos que subyacen al proceso de verificación. Según Cambpell y Stanley, dichos riesgos se refieren a todas aquellas perturbaciones procedentes de elementos ajenos al diseño (dispositivos reactivos, interacción entre la selección y el tratamiento).

En un afán experimental cercano a las condiciones de inmutabilidad, las necesidades de control se multiplican: verificación a través de varias corroboraciones (pretest y postest), la regresión, la selección, la interacción de las pruebas y el posterior tratamiento. Dado que casi ninguna medida científica social es fiable a un l00%, es imposible que cualquiera de las escalas esté perfectamente correlacionada con otra, pero su aproximación -cuya desviación se formula matemáticamente- parece diluir este problema.

Al hilo de estos argumentos, es importante recordar que al diseñar una metodología pensando en una realidad legaliforme, se aboca en una operación más pendiente de seguir los criterios lógicos del dispositivo operacional que de establecer una labor epistemológica paralela. Por ejemplo, podríamos rescatar el concepto de validez convergente, según la cual, las escalas registran este tipo de validez en la medida que están correlacionadas con otras medidas del mismo fenómeno (lo que Eco denominaría cumplir con un consolidado sistema de redundancias). Desde una interpretación hermenéutica, no resulta aventurado afirmar que el acto de clasificación de las cosas, de los fenómenos, aunque éstos se expliquen mediante relaciones lógico-causales, están sujetos a imbuirse en un orden de connotaciones y denotaciones, que hace posible deducir una condicionalidad a priori por parte del investigador que, de poder demostrarse, permitirían extraer conclusiones sobre la irremediable ambigüedad del significado.

El problema, desde nuestra perspectiva, se centra en la validez de contenido, relativa a la definición de la naturaleza del contenido relevante del fenómeno o área que hay que medir. Y es aquí, donde de nuevo ha de recurrirse al establecimiento de algún acuerdo previo (entre los expertos) sobre el contenido precientífico de la tarea. El diseño de un cuestionario recoge, ya en su confección, un requisito de convergencia semántica y pragmática de las partes que entran en la fase pre-científica, las cuales han de llegar a un consenso, el cual es susceptible de transformarse en una pre-definición de la realidad.

El investigador que elige el método empírico-analítico esta mediado por el lenguaje, en este caso no tiene necesidad de liberar un discurso (no es un sujeto observable) pero sí se convierte en el sujeto del enunciado (Ibáñez, l989) “Cuando el individuo habla es, al mismo tiempo, hablado por la cultura”. El significado es deducible a partir de un sistema completo que recoga los signos del contexto (la universidad, la empresa privada, los intereses particulares de un investigador, el interés general motivado por un fenómeno de opinión, entre otros), el patrimonio cultural del sujeto observador y su traducción lingüística en categorías de análisis.

3.8.   LA CONVERSACION: BASE DE LAS TECNICAS CUALITATIVAS

El comportamiento ordinario, el mundo cotidiano de la vida ordinaria es el marco en el que se plantea la investigación cualitativa. Se buscan los significados por encima de los hechos sociales, los contextos en los cuales los actos son relevantes.

Trabajar cualitativamente es operar con signos lingüísticos con significados imbricados en la vida cotidiana. El análisis cualitativo se orienta en dos direcciones y de forma circular, no sólo se observan y graban los datos, sino que se entabla un diálogo permanente entre el observador y el observado, entre inducción (datos) y deducción (hipótesis), se reduce la distancia entre indicador social y lo indicado, entre contexto y acción. La metodología cualitativa trabaja con los materiales en vivo.

Dentro de la perspectiva estructural, toda averiguación supone adherirse a un modelo que permita objetivar a posteriori los resultados de una indagación, con el fin de hallar respuestas, de una manera clara y no ambigua, a las preguntas planteadas en torno a la construcción social de los significados, deberemos conocer la definición particular que genera toda persona que participe en el juego anónimo del “decir” bajo los únicos criterios de su experiencia. En este sentido, el grupo de discusión es el marco que nos permite conjugar realidad y episteme, es decir, conocer los modos de percibir -cognoscitiva y pragmáticamente- mediante una discusión de grupo. Siendo, precisamente, el discurso el objeto de análisis resultante de esta discusión, se buscan más  los  significados  atribuidos  por  los  actores  que  las  situaciones  concretas  asociadas a los hechos. De este modo, el resultado del discurso de grupo sirve de materia prima para el análisis del contexto lingüístico, el uso del mismo nos dará las claves del discurso social.

Utilizar la metodología cualitativa nos permite conocer las diversas posiciones discursivas de cada participante, su valoración simbólica desde su propia perspectiva de las instancias a que les remiten los referentes empleados. En otras palabras, observar sus modos de entender, su particular conciencia de las mismas, en contraste con lo que otras perspectivas epistemológicas han definido y codificado.

Las configuraciones simbólico-discursivas están mediatizadas por los contextos del “saber” que determinan y suministran, como acabados, conceptos que, a nuestro entender, merecen mayor apertura. Si bien en ningún momento creemos que el discurso grupal no se resienta de la codificación y los estereotipos, hay que precaverse de brindar contenidos prefijados en función de lograr una aproximación al lenguaje desprovisto de principios formales, o de respuestas acabadas. De nuevo volvemos a Ibáñez: “El lenguaje no es sólo un instrumento para investigar la sociedad, sino el objeto propio del estudio” (l979:43).

Se precisa recurrir al ámbito de la experiencia, más que al de la descripción. El marco de la investigación cualitativa al articularse en torno a grupos de discusión abre una importante vía que posibilita la interpretación de los hechos sirviéndonos del lenguaje, de cómo “son hablados”, gracias a la comunicación producida en un medio conversacional (el marco interactivo por excelencia) opuesto a un marco estático, autorreflexivo, más idóneo para funciones específicas de la investigación sociológica que se inclinen por analizar las dimensiones mensurables de un concepto.

Cuando se emprende una investigación, en su matriz epistemológica debe recogerse como objeto, la de conocer el criterio de validez de un constructo o de los defectos que produce su uso -en el orden del significado- con el objeto de acotar su dimensión operativa [3]. Para ello se precisa someter a prueba el procedimiento de aplicación y alcance de los significados mediante grupos de discusión, o lo que es lo mismo, mediante espacios artificiales capaces de estimular la interacción como mediadora del discurso social, que no es otra cosa que lo opinable mediante sujetos portavoces.

En un grupo destinado a la investigación y, por ello, investigado, su discurso se transforma en “opinión”. De este modo lo específica Ibáñez: El discurso del grupo -que a la vez produce y representa el discurso verosímil de la “opinión pública”- es el centro de la atención y la presa que hay que capturar” (l979:137)

La diversidad de conceptos: interaccionista, etnológico, fenomenológico, semiótico, más su pluralidad de técnicas: observación participante, estudios de casos, análisis del discurso; coloca a los métodos cualitativos en una posición bivalente. Por una parte y en su acepción positiva, se reconoce que posibilitan instrumentar una gran polivalencia operacional para la aproximación a la realidad social tan extensa que siempre resulta inabarcable. Por otra parte, dentro de una acepción negativa, como una “dispersión” que impide contar con eje sólido del cual extraer las principales técnicas de aplicación metodológica (aunque la complejidad de los métodos matemáticos se multiplica extraordinariamente en la perspectiva cuantitativa).

La ejecución del análisis cualitativo se sustenta principalmente a través de tres procedimientos lógicos: la disección (se fragmentan los materiales al objeto de obtener elementos simples que posteriormente se puedan relacionar), la comparación (al estudio por analogía de fenómenos poco conocidos con la ayuda de otros más familiares, bien al contraste entre dos elementos o procesos). Las comparaciones pueden ser sintagmáticas o paradigmáticas, según comparemos  elementos presentes en el mismo texto o se utilicen otras diferencias para captar lo específico o común del discurso analizado.

Ahora bien, la perspectiva cualitativa sus técnicas no cuentan con un significado preciso, en ninguna de las ciencias sociales donde se imbrican (pedagogía, psicología, antropología). La sociología española cuenta con nombres de gran valía profesional en la construcción de una epistemología que fundamente teóricamente la perspectiva cualitativa: Jesús Ibáñez, Alfonso Ortí, Angel de Lucas (La Escuela Cualitativa de Madrid). El interés que guía su conocimiento no se conforma con una estrategia instrumental, sino que han generado un sólido discurso teórico.

No es casualidad que sea precisamente un hábil conversador, Jesús Ibáñez, quien idee un espacio de encuentro, provisto de una geografía específica para estimular la conversación: el grupo de discusión. Discurso grupal a condición de eliminar el “tranquilizador” flujo de intercambio: pregunta/respuesta.

Pero, Ibáñez no se conforma con depurar la técnica, revisa el modelo y nos involucra. Un nuevo tratamiento de la interacción, donde la conversación es la unidad mínima, a partir de los argumentos de Gordon Pask (l976). Nos presenta la legítima introducción de los “valores” en el cálculo lógico con Spencer-Brown (l971) al igual que en el enfoque cuántico de la medida (Patee, l969). Acostumbrado a operar con lo inadmisible, dará una vuelta de tuerca a la falsa connivencia naturaleza/sociedad, desvelando a los sistemas vivos y naturales como sistemas autopoiéticos, hecho que complicó notablemente la existencia de los investigadores al obligar a una metacomunicación con un objeto, de ningún modo externo a nosotros. Gracias a compartir otros paradigmas, la flecha de la transferencia cambia de dirección y ahora se nos exige pensar el pensamiento (Varela y Maturana l972).

Pero es la conversación el dispositivo con mayor fuerza implicativa. En su último libro, El regreso del Sujetorecoge, en un breve capítulo: “Prohibido conversar”, el poder subversivo de la conversación, proclamando que “Una revolución es una inmensa conversación: un rescate del ser de las garras del valor”. Y ya en un plano microsociológico, añade las verdaderas razones que se ocultan para evitar la conversación, dado que quien conversa ha de mostrar, además de una voluntad de entendimiento, altura para vencer el vértigo de la simetría: “Lo que está prohibido por impresentable es: la relación reflexiva, la relación simétrica, la relación transitiva con lo inmediato por semejanza o contigüidad”

La conversación acontece y debe recuperarse como técnica hermenéutica en los modelos empírico-analíticos y en segundo lugar, podrá lograrse un punto de inflexión con otros modelos que distan de formalizarse con la lógica del método científico, obstinado en independizarse del punto de vista del observador. Según este comportamiento, lo esencial de la metodología científica no contempla nada parecido a una reciprocidad de opiniones, el sujeto investigador ejecuta actividades con el fin de controlar los resultados de su acción indagativa y, en consecuencia, clausura esta fase de interlocución porque perturbaría la asepsia de la que hace gala la racionalidad científica.

El científico conversa, bien para calibrar como las más adecuadas éstas hipótesis y no otras, realizará una “selección” sobre aquellos fines que se anticipen como pertinentes para la elaboración de hipótesis, que en sí mismas son presunción relacional entre una o más variables. Del mismo modo, se anticipará a los resultados en una suerte de prenociones que rescata de su patrimonio experiencial y su saber, hasta llegar a los indicadores que son las construcciones empíricas con menor nivel de abstracción. Conseguidos los primeros acuerdos, el equipo seguirá conversando sobre los campos de verificación y su orden de aplicación: registros, observaciones, sondeos, estudios pilotos, pretest-postest.

Obviar la conversación, no incluirla como vía de conocimiento, no asumir sus dimensiones -cuando mediante un acuerdo se perfilan los conceptos rectores de una investigación- significa privarse de una primera sensación de relatividad, de la oportunidad de experimentar con la indocilidad del objeto sociológico. 

La conversación se aísla del contexto público de la investigación y se privatiza, no es valorada por su capacidad de reconducir el procedimiento de indagación, no hay en ella nada que autorice a concederla el estatuto de técnica en los preliminares de una investigación. Lo científico se descarga entonces sobre el objeto una vez que ha comenzado el proceso de verificación.

Bien es verdad que la conversación se aprende, ha de manifestarse en la práctica científica y antes que en ella, en la práctica docente. Las prácticas discursivas en las instituciones educativas adoptan la forma de los métodos expositivos, hasta los espacios de tutorías se articulan instruyendo, se dispone de escasos lugares para el mutuo reconocimiento (de los otros sabemos muy poco, sólo sus resultados). La lógica institucional establece un recorrido basado en la ley de intercambio, donde un sujeto se declara interlocutor y solicita del otro la suficiente receptividad para disponer -en un futuro- de un quántum de materia sociológica. De este modo, la circularidad es abolida en aras a evaluar el grado de reproducción del discurso.

Si reconocer que se conversa representa un logro, quedará recuperar el disenso, la entropía como la parte aguda de un proceso conversacional sin instrucciones de uso. Porque es, precisamente, cuando el discurso traiciona sus formas de exposición cuando gana en calidad. Baste recordar, qué sería de nosotros sin los autores que se han arriesgado a perfilar su discurso, en un marco conversacional que no olvida el poder de la discusión: Gadamer con Heiddeger, Sartre con Lévi-Strauss, Khun y Feyerabend, Foucault-Derrida, Thompson y Althusser.

SISTEMA DE PROPOSICIONES Y METODOLOGIA CUALITATIVA

La observación descriptiva, las entrevistas y otras técnicas dentro de la perspectiva estructural cuentan con una dilatada historia, son tan antiguas como la historia escrita. Los orígenes de los trabajos de campo pueden remontarse hasta los viajeros, historiadores y escritores, desde la Antigua Grecia, Herodoto hasta Marco Polo, si bien es en el siglo XIX donde adquieren el rango de métodos de investigación social.

El estudio de LePlay en l855 sobre familias y comunidades europeas representa una de las obras paradigmáticas que emplea la observación participante, como vía de aproximación a la realidad del trabajo. La vida cotidiana de la clase trabajadora es objeto de estudio The European Working Class, sobre parentesco y tipos de comunidad europeos. Metodológicamente es el primero en comenzar por una técnica de observación participante para luego comparar los resultados con otras investigaciones, lo que se denominaría posteriormente el Estudio de Casos.

Aunque siempre se sitúa a la obra de Durkheim, “Suicide” como el primer estudio científico netamente sociológico, la cual tuvo gran influencia en posteriores investigaciones, considero que se debe simplemente a no disponer de un referente metodológico -cualitativo- con el que calificar la obra de LePlay, puesto que ambas cumplen sobradamente los requisitos de obras científicas.

Si bien el estudio de Durkheim logra combinar análisis intensivo con extensivo, en una filigrana investigadora al pasar de lo particular a lo general y viceversa sin anquilosarse en una única dimensión.

Ya en l910 la Escuela de Chicago emplea de manera sistemática durante más de 30 años la observación participante y las documentos personales como eje de sus investigaciones sobre la vida urbana americana.

Uno de los problemas a los que se enfrentan los técnicos cualitaivos es al profundo desconocimiento de su capacidad operativa. Incluso se pueden llegar a citar obras que contienen un soporte cualitativo. Por ejemplo, una aportación paradigmática, Comunidad y Sociedad de Ferdinan Tönnies, o La ética protestante y el Espíritu del Capitalismo” de Max Weber, “Los Partidos Políticos” de R. Michels, sin señalar que su modelo comprensivo es una característica tan esencial como su contenido.

Aunque reconociendo que los métodos no tienen una significación precisa y definitiva en las diversas disciplinas científicas (Van Maanen, l983), sí pueden extraerse los rasgos más sobresalientes del análisis cualitativo.

Taylor y Bogdan (1ª ed. l984) puntualizan que se trata, fundamentalmente, de una técnica descriptiva de los propios discursos de los sujetos, de la conducta observable, de las interacciones y de los escenarios (contextos). Si hubiera que resumir sus ejes metodológicos, serían los siguientes:

l. Es un método inductivo, el investigador desarrolla conceptos y, posteriormente, categorías partiendo de la acumulación de datos. Aunque no se recogen éstos con fines evaluativos, no se pretende corroborar modelos, hipótesis o teorías preconcebidas. La investigación -como es pertinente a la inducción- parte de los datos para llegar a las grandes teorías. Sigue un diseño flexible.

2. El contexto se transforma en un escenario, y los sujetos conforman con éste una unidad. En otras palabras, se impone una perspectiva holística, donde la totalidad marca las reglas del juego y no es susceptible de reducir a los sujetos y sus contextos a variables explicativas.

3. Sujeto y objeto de investigación mantienen una “relación”, no en sentido transaccional sino interactiva. Para ilustrar este comentario, los autores eligen el ejemplo de una técnica habitual como la entrevista, para la que aconsejan no reproducir un intercambio de pregunta-respuesta, sino, todo lo contrario, mantener una estructura conversacional.

4. El proceso de investigación debe tener presente en su dispositivo operativo acceder al marco de referencias, lo que podríamos denominar “mapa de significados” del sujeto o sujetos que son objeto de observación, o de conversación (entrevistas, grupos, etcétera).

5. Si las técnicas cualitativas están determinadas por su método inductivo, este principio se convierte en fundamento para el investigador, el cual deberá intentar no “corregir o legitimar” su patrimonio epistemológico, sino intentar ver las cosas “por primera vez”. Somos conscientes de la complejidad -y de la perplejidad que puede originar-. Mas podríamos traducir esta aspiración, por el término ilustrado de “suspender el juicio”.

6. Todos los discursos son valiosos, ampliando la estrategia de recogida de datos, no corresponde imponer rangos a los informantes. Así lo subrayan Taylor y Bogdan en un ejemplo sobre sociología de la desviación: tanto el juez como el delincuente actúan como cualificados si mantienen la pertinencia con el objeto de investigación.

Pero al valor de equivalencia, en función de la cuantía del valor informativo y no del plusvalor relativo a estatus o roles, se añade el valor de la diversidad. Veamos otro clarificador ejemplo: un alumno de un instituto rompe un cristal. A partir de este hecho, las “opiniones” se suceden.

l. Para el director es un problema de conducta, 2. el tutor reconoce un problema familiar, mientras que el bedel lo resume en la falta de disciplina. La diferencia supone una veta respecto a la riqueza de contenidos, pero la entropía es otra cualidad que espera ser rescatada en las operaciones metodológicas.

Decir cualitativo equivale a decir un estilo de indagación metodológica específico, además de lograr una posición particular, adelantamos que “interactiva” entre el sujeto y el objeto de investigación. Sus materiales se conforman de símbolos lingüísticos, de textos -resultado de la transcripción de las conversaciones- y, según nuestra consideración, resulta clave en la disciplina que nos ocupa, el conocimiento de los significados sociales; en otras palabras de una semiótica social.

Lo importante es desvelar los paradigmas de interpretación de los que se sirve el sujeto observador y además, lo cual supone un difícil equilibrio, lidiar con la polisemia de significados que registra quien se erige en sujeto observado (bien conteste mediante la lógica del intercambio: pregunta/respuesta; bien estructure su intervención dentro de la lógica de la conversación).

La relación con los informantes en la  INVESTIGACION SOCIAL

El sujeto cognoscente, no emprende una investigación como si ésta contuviera la naturaleza propia de un instrumento carente de significado. La investigación se convierte para Jesús Ibáñez en un actor social, y como tal entra en un contexto de actuación en el cual no deben olvidarse los elementos que componen el escenario, desde el cliente, hasta los efectos de los resultados que constan en el informe final.

Pero si estas constituyen “advertencias” sobre la propia práctica del investigador, éste debería contar en una primera interpretación de la sociedad, como una sociedad sustentada en una organización cerrada. Es decir, autoorganizada escrupulosamente mediante instituciones, normas, valores claramente definidos, su permutabilidad depende de su capacidad de análisis. Por esta razón, los procesos de interacción entre actores (siempre más flexibles que las propias instituciones) representan el objeto de investigación por excelencia.

En cambio, el paradigma basado en el control niega la existencia de esos actores en cuanto a su posición de actores, incluso como metodología se niega a sí misma como actora: es decir renuncia a la incidencia que pudiera tener como tal actor social. De esta manera, la investigación de Segundo Orden determina cambios importantes en la concepción del sujeto según la investigación clásica, en la cual el sujeto investigador se sitúa fuera, se externaliza con respecto al objeto.

En la investigación de segundo orden, el postulado de objetividad (objeto separado e independiente del sujeto) es sustituido por el postulado de reflexividad: donde el objeto es definido por su relación con el sujeto, es decir, un sistema donde la realidad la compone un sujeto y la realidad que ese sujeto intenta objetivar. El sujeto es condición de posibilidad de objeto, al pensar en él lo crea, y a la vez el objeto es condición de posibilidad de sujeto, es como si dijera: “mi presencia justifica, te nombra como investigador social”. Reflexividad y complejidad van unidos. No sólo porque los sistemas reflexivos son los más complejos, sino porque al ser observados todos los sistemas se hacen más complejos.

La Investigación de Segundo Orden, al investir de sujetos a los actores que forman parte del procedimiento científico: sujetos observados y sujetos observadores, cambia las reglas. Lo que antes era una relación de jerarquía: Sujeto-objeto, se transforma en una relación de dependencia, al condicionar mutuamente su existencia. El objeto (sujeto observado) dota de sentido al unívoco sujeto (observador), y éste a su vez se “inventa el objeto”. Esta forma de revolucionar el conocimiento, implica romper con el trabajo de rutina del científico, propenso a una obediencia fiel a ciertas reglas de procedimiento, donde no tiene cabida la conversación, porque parece una técnica informal que obstaculizaría las facultades generales de razonamiento.

Pero los cambios, han surgido, según Serres, de la relación epistémica: sujeto-objeto y su transformación interna dentro de la tecnología de la comunicación.

En un principio, en la aldea local, la comunicación oral sujeto – objeto era la clave para conseguir una certeza subjetiva. En la Galaxia Gutenberg, la comunicación era escrita y la relación sujeto /objeto aportaba la certeza subjetiva. Y ya en la Aldea global electrónica, la comunicación se informatiza y la relación es objeto/objeto, el punto clave es el hecho de que sujeto y objeto comparten la capacidad de registrar y trasmitir información.

Teóricamente, detrás de la Investigación de Segundo Orden se encuentra la recuperación de aquellas investigaciones que proceden de las revoluciones de la mecánica, así como de la física cuántica, de ellas se extraerán los siguientes cambios:

l. Si en la mecánica relativista la observación depende del punto/momento de observación, en la mecánica reflexiva ya no hay un lugar privilegiado, un lugar absoluto para el sujeto, existen muchos lugares donde observar, el sujeto que observa dispone de una serie infinita de lugares. En mecánica reflexiva el sujeto es arrastrado por el objeto. Ibáñez nos brinda un magnífico ejemplo: “si un físico se mete en un cohete a velocidad próxima a la de la luz para observarlo, sus parámetros fundamentales: tiempo, espacio, masa, son alterados. En mecánica relativista el objeto es arrastrado por el sujeto: al medirlo lo altera” (l99l:75).

Ahora bien, esto genera importantes consecuencias para el sujeto, puesto que al convertirse en un sujeto que piensa el pensamiento (en una operación extrema de epistemología) se sumerge en una paradoja. La lógica de la reflexividad es paradójica para Spencer-Brown [4]. La reflexión es paradójica porque “pensar” implica utilizar expresiones autorreferentes.

2. La noción de complementariedad es clave en física, dentro de la Investigación de Segundo Orden habrá que remitirse a la complementariedad de lengua/habla y, sobre todo, de sujeto/objeto.

Ningún lenguaje se describe en términos de sus propias frases: hay una complementariedad descripción/interpretación, o lo que es lo mismo conocimiento/comprensión. De esta forma, resulta muy difícil obtener una versión íntegra del discurso que no sea una autodescripción. A Gordon Pask se le plantea otra complementariedad, la que concurre entre teoría (descripción de la situación real) y metodología (modelo de computabilidad). Para Gordon Pask, resulta muy complejo el ajuste entre descripción y sistema operativo, por ello no es extraño hallar un máximo desorden. El problema es cómo rentabilizar este desorden. Ibañez coincide con Pask, en la máxima utilidad del principio entrópico: azar, desorden.

Las interferencias que aparecen en los diferentes niveles de reflexividad (el contar/contarse) eran interpretadas desde la investigación de primer orden, como ruidos o errores extrínsicos inherentes a la actividad objetivadora de los sujetos. Ahora la tarea es integrar el desorden y hacer del mismo una fuente de información, de aproximación al discurso.

Experimentar con las diferencias en nuestra práctica teórica, fuera de la seguridad del acuerdo, reporta la gran complicidad del aprendizaje entre sujetos que conversan. O lo que es lo mismo, entre sujetos con derecho a disentir. La investigación cualitativa aporta el marco, el resto queda de parte de los científicos sociales y de su flexibilidad en las formas de pensar.


[1] Jesús Ibáñez denominará perspectiva estructural a la metodología cualitativa basada en el grupo de discusión, y perspectiva distributiva a la metodología cuantitativa cuya aplicación más general será la encuesta estadística (l979:13).
[2] Definiremos actitud como “un conjunto de inclinaciones y sentimientos, prejuicios o tendenciosidades, nociones preconcebidas, ideas, temores, convicciones de hombre (o de una mujer) respecto a un tema determinado” En Thurstone, L.L. “Las actitudes pueden medirse”. En Wainerman, C.V. (ed). Escalas de medición en Ciencias Sociales. Nueva Visión. Buenos Aires. (pág, 264).
[3] Interesa rescatar la lª de las fórmulas propuestas que F. Alvira establece para lograr un alto grado de validez de un constructo: “De modo que salte a la vista de manera inmediata si la operacionalización resultante responde o no a todos y cada uno de los matices de dicha definición”. En otro orden, la advertencia de Alfonso Ortí sobre la validez viene del lado de la inevitable polisemia de las palabras: “Provoca que estas sean entendidas de modo distinto en medios sociales diferenciados”. En GARCIA FERRANDO, M; IBAÑEZ, J y ALVIRA, F. (compls) El análisis de la Realidad Social. Métodos y Técnicas de Investigación. op. cit., pp: 75 y 157, respect.
[4] Spencer Brown tiene el mérito de inventar, junto a los valores lógicos de verdadero y falso, los valores imaginarios con ellos idea el salto epistemológico más importante de nuestro siglo. (Spencer-Brown, G. (l979) Laws of form. New York. E.P. Dunton). El mérito de Ibáñez fue presentar este descubrimiento y, sobre todo, su rentabilidad para la investigación social.